Entre septiembre de 1986 y octubre de 1987, el guionista Alan Moore y el dibujante Dave Gibbons publicaron un cómic llamado “Watchmen”, una de las obras maestras en cuanto novelas gráficas se refiere, incluida entre las mejores 100 novelas de la historia, en un ránking elaborado por la revista Time, pese a su formato de historieta. En esta historia, luego llevada al cine por el director Zack Snyder en el 2009, hay una pregunta que recorre sus páginas, por medio de graffitis, en donde se expresa la preocupación sobre quién vigila a los vigilantes, frase que en parte sirve para dialogar con el nombre de la obra y que llega por la traducción de la locución latina del poeta romano Juvenal “Quis custodiet ipsos custodes?”.

En la trama del cómic, y de la película, esta pregunta se relaciona al estado en el que se encontraban los héroes, anteriormente venerados y posteriormente criticados por su accionar desenfrenado y desregulado, por lo que una parte de la sociedad exigía su control y vigilancia. Así fue que su prestigio fue deteriorándose y terminó llevándolos a la clandestinidad o al alejamiento de su actividad, ante el peligro de quedar tras las rejas por no obedecer las normas vigentes. La sociedad disciplinaria también les había llegado a ellos.

En la actualidad, la discusión sobre la vigilancia se encuentra inserta en otro tipo de sociedad, basada en el control, con monitoreos que no necesariamente necesita el involucramiento de un cuerpo presente, con dispositivos de control que operan con algoritmos e inteligencia artificial y que trabajan sobre las huellas digitales que vamos dejando. La sociedad a su vez parece estar dejando de lado su preocupación por la  vigilancia de los vigilantes, brindándoles sus datos en un intercambio no del todo consciente pero que se realiza en el marco de un contexto de una aparente libertad de movimiento facilitado por las herramientas de las nuevas tecnologías, que terminan siendo los dispositivos de control más fuertes y completos que se haya construido hasta el momento, con una profunda vocación por orientar y dirigir sus consumos en la actual etapa del capitalismo.

Estos temas se irán abordando a lo largo de este trabajo en donde se buscará responder la forma en la que se puede vigilar a los vigilantes y si esta inquietud tiene representación en esta sociedad.

Tecnología, dispositivos de seguridad y control

Para arrancar con el análisis de la sociedad actual hay que diferenciar los conceptos de sociedad disciplinaria que introdujo Foucault y de sociedad de control. Tal como señala Gilles Deleuze (1995), las sociedades de control reemplazaron a las sociedades disciplinarias, aquellas que habían alcanzado su apogeo a principios del siglo XX. Los individuos se han convertido en “dividuos”, y las masas, en muestras, datos, en el marco de un capitalismo orientado ya no para el producto sino para la venta o mercado, con el marketing con un rol protagónico como instrumento de control social.

Las tecnologías disciplinarias dejan su lugar a las biopolíticas, las cuales implantarán un nuevo tipo de poder desde sus nuevos dispositivos, subjetivaciones y objetos. Este poder se caracteriza por no tener un cuerpo individual como blanco, sino que buscará gestionar poblaciones en espacios abiertos, en lugar de espacios cerrados (Lasalle, 2015). Entre otras diferencias se encuentra la relacionada a la falta de prohibición, presente en la sociedad disciplinaria, y materializada en el encierro institucional (bajo la forma de familia, escuela, trabajo, cárcel, por citar algunas) que será reemplazada por el “dejar fluir”, “dejar pasar” en la sociedad de control, logrando la captación de los sujetos en sus tareas cotidianas. Este cambio de paradigma repercute también en el cambio de una preocupación centrada en las fuerzas físicas a una orientada a los conocimientos, sentimientos y afectos.

Para estar en sintonía con estos cambios, la tecnología y sus dispositivos tuvieron que incorporar la forma de poder procesar cada vez más información de su población, con el objetivo de tener un mayor conocimiento de sus sentimientos y afectos.  Esta información además es recopilada en tiempo real y se obtiene desde la observación, control y vigilancia de sus públicos, a la vez que es comparada continuamente y almacenada por agencias de seguridad.

Para María Botta (2014), los sujetos de esta sociedad forman parte de la sociedad de la mirada, en donde son filmados por cámaras de videovigilancia, por las que inundan de imágenes la web, por cámaras propias y por ajenas. Esta mirada es el resultado del enfoque dirigido a la sensibilidad, a las imágenes y a los deseos de estos sujetos, quienes forman parte de un mundo que lo sigue y observa sistemáticamente.

Internet, en este marco, toma el lugar de la sociabilidad por excelencia, en donde se registra “una subjetividad que es vista y que mira, pero que, sobre todo, se deja ver y, al parecer, gusta de ello” (Botta, 2014: 8): Así es que, desde esta subjetividad que consume y quiere ser consumida, se puede decir que el consumo termina teniendo un rol importante en el direccionamiento del deseo y del mantenimiento del orden social y subjetivo. En esta configuración, los miembros de esta sociedad se perciben como bienes y bajo esta cualidad confirman su lugar en la sociedad. Sus usuarios suben fotos, videos, registran sus comidas, sus visitas, califican, realizan transmisiones en vivo, entre otras acciones.

En el uso cotidiano de internet, los usuarios brindan una gran cantidad de información. Esta se otorga desde la simple navegación por la red, dejando consultas en buscadores, completando formularios, abriendo aplicaciones en redes sociales, contestando encuestas para saber con qué personaje de determinada serie puede tener similitudes, realizando compras, consultando destinos en una página de viajes, etc. Todas estas “huellas digitales” son almacenadas en bases de datos para luego ser procesadas, analizadas y devueltas seguramente en forma de anuncios personalizados, recomendaciones y ofertas en el intento de reconducir al usuario al camino del consumo.

Con esta información, el usuario aporta su parte y se convierte en coautor de la elaboración de su perfil frente a los futuros vendedores que buscarán que compre su producto. Para eso se nutrirán de estas huellas que millones habrán dejado en forma de prácticas, gustos e intereses y que se convertirán en categorías y clasificaciones. Como se comentó anteriormente, esto no sería posible sin la concepción del sujeto que se entiende como un bien en sí mismo, que busca ser visto y ser consumido, dejando de lado el anonimato y la invisibilidad.

Estas actitudes se encuentran en el uso cotidiano de la red social Facebook, la cual es considerada según Lasalle (2015) como un dispositivo de poder desde el cual se ejerce el poder biopolítico que se ha vuelto predominante durante esta nueva etapa capitalista.  Este poder que se ejerce desde esta red social se encuentra en la manera en la que se capturan los flujos de deseos, de creencias, sus potencias creativas y su atención. Esta plataforma se apropia de los contenidos que sus usuarios generan, como también de su información y los datos que estos brindan, capturando el poder de esta forma todo lo que necesita para moldear sus deseos y creencias. Por último, esta autora recupera el vínculo que tiene este dispositivo con la sociedad de control, la cual busca operar sobre poblaciones, aunque en el caso de Facebook se conocen como comunidades, más allá de que actúe configurando subjetivaciones singulares.

En síntesis, se puede considerar a Facebook como dispositivo de poder en tanto además, produce subjetividades, discursos de verdad, saberes y prácticas (Lassalle, 2015), en el contexto de la sociedad de control y de la vigilancia propia de este esquema, la cual se interesa por el desplazamiento constante y por la fluidez de sus usuarios, observando así sus movimientos, su conducta y todos los detalles de sus huellas digitales que se generan en esta práctica.

Las Huellas, los datos y los consumos

Teniendo en cuenta el tipo de sociedad en la que se desarrollan las prácticas y usos de las tecnologías y sus dispositivos por parte de sus usuarios, es necesario también analizar el destino de los contenidos y de la información que estos generan en este intercambio constante que se realiza en esta sociabilidad digital y cómo la vigilancia se involucra en modelos de negocios.

Según Lyon (1995) nuestras sociedades están inmersas en la datavigilancia. La misma se puede encontrar perfectamente, como un claro ejemplo, en Facebook. Como se comentó anteriormente, esta red social recopila una gran cantidad de información de sus usuarios, la cual se almacena en base de datos que luego son utilizadas por empresas para orientar su publicidad de acuerdo a los públicos que pudo configurar gracias a la información administrada por esta plataforma.

A los datos que son almacenados hay que sumarle la importancia de los contenidos que forman parte de la materia prima para su elaboración. Estos terminarán siendo los deseos, pensamientos y opiniones de la comunidad de usuarios sobre los cuales el poder busca tener algún grado de intervención, queriendo modularlos, mientras el velo de la libertad de movimiento y su fluidez viste las acciones de sus usuarios, quienes sufren sin darse cuenta de un control sobre sus potencias creativas de forma unidireccional. En síntesis, las huellas de los usuarios de Facebook en forma de información, datos y contenidos son el blanco del poder.

Otra plataforma que se nutre de la información de sus usuarios para generar un modelo de negocio sirviéndose de los datos es Google. Este buscador es en realidad la empresa de publicidad más grande de internet, con anuncios que recaudan millones por clicks en base a los intereses y contenidos que busca el usuario. Cuenta con un esquema de publicidad en el que visualizan resultados de sus búsquedas junto a anuncios por los cuales sus clientes abonan para que aparezca en la parte superior de la pantalla, por mencionar uno de sus tantos modelos de pautas que tiene y que viene explorando y explotando.

Google además cuenta con una estrategia que se diferencia con la que tenían empresas como Microsoft y las capitalistas tradicionales. La empresa de Mountain View ofrece gratuitamente sus servicios de búsqueda, de calendario, de correo electrónico de trabajo en la nube, de blog y tantos otros que forman parte de su plataforma, a cambio de la información que los usuarios voluntariamente alojan en sus servidores.  Estos datos luego son utilizados para el mercado de las publicidades que se detalló anteriormente.

Estos servicios funcionan bajo la estructura conocida como “la nube”, refiere a una serie de tecnologías e informaciones digitales que tienen su sede en una locación distante de la del usuario. Así, el proceso computacional que se lleva a cabo no ocurre en la máquina del cliente, sino en las de la empresa proveedora. De esta forma, el cliente recibe los flujos de información digital “como un servicio” a través de Internet. En su versión paga, es la forma más eficaz de lograr el enforcement de la Propiedad Intelectual y, particularmente, del copyright (Zukerfeld, 2010).

Volviendo al análisis de la huella digital que dejan sus usuarios en forma de datos personales, estas se convierten en un terreno de disputa con las plataformas dentro de la discusión sobre su propiedad. En ese sentido, Zukerfeld (2010) cataloga este proceso como un ejemplo de Apropiación Incluyente por parte de estas empresas que explotan los conocimientos doblemente libres. En este modelo, en lugar de montar un negocio sirviéndose de la producción de escasez en el acceso, la apropiación incluyente se concentra en aprovechar la producción impaga de conocimientos de los internautas que aportan una  gran cantidad de información digital y por la cual no reciben una retribución más allá del uso de los servicios aparentemente gratuitos que ofrece la empresa. Estas a diferencia del modelo privativo, en lugar de aumentar el valor de lo que buscan vender, bajan el precio de sus insumos al ser gratuito su acceso.

Al igual que con Facebook, Google monta su modelo de negocio apelando a comunidades, sirviéndose de la producción colectiva, colaborativa y anónima, a contraposición de modelos capitalistas basados en el individualismo, en este caso, al individuo se lo incluye. En esta inclusión se sostiene su ganancia ya que gracias a esta arquitectura de participación se termina creando una arquitectura de explotación al  transformar a los usuarios en mercancías que pueden ser vendidas en el mercado (Peterson, 2008).

En otra plataforma donde se puede ver un aprovechamiento de las huellas digitales y de los datos de los usuarios es en Netflix. En este servicio de streaming, la empresa sabe con exactitud los patrones de consumo de cada uno de sus clientes gracias a la recolección de datos y al análisis mediante técnicas de big data que permite tomar decisiones para potenciar el negocio (Siri, 2016).

Esta plataforma de contenidos reúne todo tipo de información que dejan sus clientes, desde las reproducciones, las valoraciones, la ubicación geográfica, horarios, soporte desde donde consume sus elecciones, entre otras. Este conocimiento le permite tener ciertos parámetros para vender su producto, en formato de contenidos audiovisuales que se encargan y producen desde la posibilidad de saber los gustos de sus clientes, lo que favorece el alcance de algunos éxitos. Este es otro ejemplo donde el usuario es visto y donde la vigilancia se posiciona como un factor importante en el modelo de negocios de internet.  

En síntesis, nos encontramos en una época donde se utilizan plataformas y servicios, en general gratuitos, pero que son abonados con datos, los cuales son utilizados para potenciar modelo de negocios orientados al consumo que se expresan en publicidad o en otros servicios. Estos datos que son suministrados voluntariamente por los clientes y usuarios son almacenados por empresas o por el mismo Estado, siendo un insumo primordial para los objetivos de control que se plantea. Hay que agregar el conocimiento de casos en donde fue explícito el vínculo entre agencias de seguridad como la NSA norteamericana con estas empresas, que les permitieron acceder a sus registros de información almacenada, lo que termina mostrando la preocupación por parte del poder para controlar a su población mientras esta se desenvuelve en espacios abiertos, en comunidad y sin preocuparse por si son vigilados, mientras ofrecen minuto a minuto los detalles de su vida en las plataformas digitales.

¿Quién vigila a los algoritmos?

Como se comenta en el reporte de la Surveillance Society (2008) no hace falta adelantarnos mucho en el comportamiento y en la predicción de futuras sociedades de vigilancia orientadas al seguimiento y control de las movilidades de todo tipo (de personas, objetos y datos). La misma ya está ocurriendo y evoluciona cada día.

El paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control modificó la estructura, representación y presencia de la vigilancia en la consciencia de la población. La misma, traslada a sus prácticas virtuales y digitales sus movimientos propios que se ejecutan en una sociedad que deja fluir y que va reuniendo sus huellas digitales que terminarán configurando sus perfiles que se pondrán a disposición del mercado. Este procedimiento es favorecido por personas que se dejan ver, que buscan consumir y ser consumidas, en el marco de una sociedad de la mirada y de la datavigilancia. Es así que la vigilancia se convierte en una de las columnas principales de modelos de negocio basados en la sustracción de datos, información y contenidos, por los que lejos están de retribuir a sus usuarios más allá de darles los servicios aparentemente gratuitos para que sigan produciendo para estas empresas.

 ¿Quién vigila a los vigilantes? Esa preocupación que en la historia de Watchmen parecía ser fundamental para una población ubicada dentro de la sociedad disciplinaria, no encuentra su eco en la sociedad de control. Los algoritmos, la inteligencia artificial que en alguna medida parece tener vida propia, están al frente de la recolección de información al servicio de los Estados y del mercado que orienta desde el consumo su sistema de control, moldeando deseos y nutriéndose de insumos que tiene a sus mismos clientes como coautores.

Este camino además se inserta en el desarrollo propio de la web, la cual fue evolucionando desde el nacimiento de la www en los 90, incorporando la interacción y doble vía propia de las redes sociales durante los 2000, el uso de algoritmos e inteligencia artificial en la actual década y la expansión cada vez mayor del internet de las cosas, que se nutren además de preocupaciones de la sociedad y de sus consumidores que buscan tener una mayor integración y automatización de sus experiencias digitales, mientras continúan entregando información y contenidos. Aún así, hay que prestar atención que la falta de preocupación por sus datos y por el anonimato no siempre se relaciona a una identificación como bien de consumo, sino también a un estilo y dinámica en el que se desarrollan las tareas de la sociedad actual en donde el propio rendimiento necesita de estas herramientas para mantenerse y sobrevivir, aún sabiendo que para hacerlo tenga que compartir parte de su vida e intimidad.

 Bibliografía

Botta, Florencia (2014). Algunos apuntes sobre la videovigilancia gubernamental en espacios públicos. Bs. As., Hipertextos: capitalismo, técnica y sociedad en debate. Vol 2, Nero 2.

Deleuze, Gilles (1995) “Post Scriptum sobre las sociedades de control” en Conversaciones 1972-1990, Valencia, Pretextos,

Lassalle, M. (2015). Facebook como dispositivo de seguridad: una aproximación al estudio de las actuales sociedades de control. Hipertextos 4(2), pp. 167-194.

Petersen, Søren Mørk (2008). “Contenidos Perdidos por los Usuarios”, traducción de Petersen, S., “Loser Generated Content: From Participation to Exploitation”, First Monday, Volume 13, Number 3 – 3 March 2008. Versión original disponible en http://firstmonday.org/htbin/cgiwrap/bin/ojs/index.php/fm/article/viewArticle/2141/194

Reischl, Gerald (2008). El engaño Google. Una potencia mundial incontrolada en Internet,

Barcelona: MediaLive Content, Capítulo VI.

Siri, L. (2016). El rol de Netflix en el ecosistema de medios y telecomunicaciones: ¿El fin de la televisión y del cine? Hipertextos 5(4), pp. 47-109. Disponible en http://revistahipertextos.org/wp-content/uploads/2016/11/El-rol-de-Netflix-en-el-ecosistema-demedios-y-telecomunicaciones.-Siri.pdf

Zukerfeld, Mariano (2010). “Más allá de la Propiedad Intelectual: Los Conocimientos Doblemente Libres, la Apropiación Incluyente y la Computación en la Nube”, en Capitalismo y Conocimiento: Materialismo Cognitivo, Propiedad Intelectual y Capitalismo Informacional, Tesis Doctoral, FLACSO.

Surveillance, Studies Network. Visiones de la Vida en la Sociedad de la Vigilancia

Advertisements