“Todo ocurre por una razón”
Capítulo Hang The DJ, Black Mirror

A fines del 2013 se estrenó la película “Her”, escrita y dirigida por Spike Jonze. Un año después ganó el Óscar en la categoría de mejor guión original, además de haber sido nominada a otras cuatro, entre ellas, como mejor película. En esta historia pudimos conocer a Theodore Twombly (Joaquin Phoenix), un hombre que se ganaba la vida escribiendo cartas personales por encargo y que se encontraba pasando un delicado momento personal producto de la separación con su esposa. Su vida cambia cuando instala un sistema operativo avanzado, con el cual interactúa desde sus dispositivos, llegando a encontrar tanta empatía que termina por enamorarse. Este sistema que tomó el nombre de Samantha (y que contó con la voz de Scarlett Johansson), le ayudaba con las lecturas de su correo electrónico, le recordaba las tareas de su agenda, reproducía los temas que le ordenaba y le resolvía cualquier consulta que le realizaba el escritor y protagonista de la película.

virgenHer-Joaquin-Phoenix-on-a-date-660x330Esta película se estrena en un contexto donde empezaba a tomar más fuerza y visibilidad el surgimiento del desarrollo de las tecnologías que forman parte de lo que se conoce como  “Internet de las Cosas” y de la web 3.0. Luego de la primera etapa comercial donde se pudieron visitar las primeras páginas web durante la década del 90, le llegó la etapa de la interacción durante los 2000 con un fuerte protagonismo de los blogs y las primeras redes sociales, como MySpace, Flickr, a las que luego le siguieron Twitter, Facebook, YouTube, etc. En la década siguiente surgió una tercera y, actualmente, una incipiente cuarta etapa, con los algoritmos, la inteligencia artificial y la automatización de procedimientos que llegaron para quedarse y potenciar una relación como nunca antes hubo entre las personas y las tecnologías.

En este artículo se buscará analizar el impacto de estos nuevos dispositivos que forman parte de la categoría de “internet de las cosas”, con un particular análisis sobre los asistentes y las casas inteligentes (Smart Home), la configuración del tipo de consumidor de estos productos y su relación con los soportes y plataformas sobre las cuales depositan su entretenimiento y su conectividad. También se tomará en cuenta esta relación en el marco de la sociedad del rendimiento y la importancia del big data como una de las columnas más importantes que sostienen esta estructura. Finalmente se buscará ofrecer un panorama sobre el desarrollo de esta tecnología y la sociedad que está construyendo.

De la 1.0 a la 3.0 y contando…

Van Dijck (2016) considera que hubo un pasaje de la cultura de la conexión a la cultura de la conectividad debido a la interacción humana y no humana que se observan en estos días. El individuo ya no se encuentra conectado sólo con otros sino que también se presta a interacciones con terminales tecnológicas, sin necesidad de buscarlas. Las personas reciben por medio de tecnologías de codificación automatizadas la información personalizada que necesita a raíz de los datos que fue tomando del usuario. Para llegar a este momento pasaron casi 30 años, en le medio distintas etapas de la web y distintas adaptaciones.

istock-638138860-1_0En la década del 90 apareció la web 1.0 con funciones básicas orientadas a satisfacer comunicaciones individuales, como mandar mensajes, leer noticias y recibir mails desde dispositivos fijos, 10 años después apareció la web 2.0 con una multiplicación en el acceso de contenidos digitales, desde grandes productoras hasta los que generan los propios usuarios de las redes sociales, con un fuerte protagonismo de los dispositivos móviles. En una tercera etapa se encuentra una generación de artefactos inteligentes que se integran en el interior del hogar.  A esta fase se la conoce como “El internet de las cosas”, esta responde al crecimiento continuo de internet, que pasó de conectar una red de computadoras a una red de objetos. En estos circuitos hay un sistema independiente que opera con sus propias infraestructuras, además brindan nuevos servicios y abarcan nuevos modos de comunicación en donde se pueden vincular personas y artefactos y hasta hay instancias en donde sólo se comunican entre máquinas (M2M). Esta nueva generación hay una convivencia entre la funcionalidad doméstica y la conectividad digital. En definitiva, los objetos están cada vez más conectados de forma inalámbrica.

Ejemplos de estos dispositivos pueden ser el Google Chromecast que permite convertir un televisor en Smart Tv al conectar este dispositivo en una entrada HDMI, lo que posibilita trasladarle contenidos por la red wifi desde un celular, tablet o computadora y los asistentes virtuales o parlantes inteligentes como el Google Home. Este aparato permite tener control sobre varios artefactos desde el celular. Se puede dar órdenes por medio del asistente de Google que van desde el control de la intensidad de la luz del ambiente hasta la reproducción de contenidos en el televisor por el uso de Chromecast o el repaso de las tareas o la lista de compras.

Actualmente hay un mercado disponible para este tipo de tecnología, con un público que busca en estos productos poder satisfacer distintas necesidades, en general orientadas a la automatización y a la integración. Las nuevas tecnologías no sólo generaron modificaciones en cuanto a la producción y al consumo cultural sino que también modificó en los individuos la organización de su experiencia con esta en la vida cotidiana (Ianni, Romani; 2018).

Los usuarios y consumidores que buscan estos productos son aquellos que se interesan por la conectividad, la sincronización y la integración funcional al interior del hogar. Estos buscan estar en sintonía con la automatización inteligente, la integración funcional y la fascinación estético emocional asociada al objeto tecnológico (Ianni, Romani; 2018). Un sector de los consumidores de tecnología definen y organizan el lugar que tienen sus productos en el hogar de acuerdo a su valor estético y función. Los dispositivos de la web 3.0 se caracterizan por ser construidos en el arte de la disimulación. Estos se integran con el entorno y su presencia se vuelve casi invisible como resultado de una preocupación y una sensibilidad por parte del consumidor que le da importancia al valor estético que permite sacar al objeto de su lugar de artilugio y artefacto. El tecnoconsumidor de este tipo de tecnología valora la inmediatez, la experiencia y la creatividad  ya que forma parte de su estilo de vida, su sociabilidad y de su subjetividad.

Los asistentes inteligentes como Google Home o Alexa cumplen a la perfección la descripción antes mencionada. Son pequeños parlantes que se acomodan en el hogar, como una decoración más, diseñados con una profunda atención vinculada a una estética que le permita aportar categoría y distinción, y que permiten darle la información que necesita la persona en base a un ritmo de vida que considera que es necesario acompañarlo con una mayor cobertura de sus obligaciones. Su sociabilidad incluso es mediada por estos equipos que le acercan las noticias del día, los eventos de su calendario, le reproducen sus listas de temas de acuerdo a sus gustos en Spotify, sus contenidos en YouTube o la serie que solicite ver en Netflix. Volviendo a la película, se puede ver cómo el personaje principal es un fanático de las tecnologías, cuenta con un celular pequeño con un sistema operativo que le lee los correos electrónicos, le cuenta la información más importante del día mientras vuelve a su departamento luego de una extensa jornada laboral. Seducido por una experiencia más creativa, personalizada y eficiente compra un sistema operativo con inteligencia artificial que amplía las capacidades que tenía su anterior dispositivo.

“Todo ocurre por una razón”

En el cuarto episodio de la cuarta temporada de la serie Black Mirror se cuenta la historia de una pareja que se conoce por medio de una aplicación de citas que le dice cuánto tiempo van a estar juntos, luego de esa experiencia y gracias a los datos que recoge están listos para tener otra oportunidad para conocer a otras personas con la misma metodología, con un tiempo estipulado en donde compartirán su vida y con un acercamiento que define el algoritmo del sistema. En un momento de desconfianza hacia los parámetros que buscan darle sentido a esta decisión, el asistente de la aplicación le contesta al usuario: “todo ocurre por una razón”. La manera en la que consumimos, usamos y administramos contenidos en internet y la sociabilidad en la que nos insertamos dentro de la esfera digital está atravesada por una razón que hace que ocurran determinadas cuestiones. Esta razón está compuesta por una sumatoria de conceptos como el uso de plataformas, de datos y algoritmos que forman parte de la cultura de la conectividad de la que habla Van Dijk en su libro que lleva el mismo nombre.

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Los dispositivos con este tipo de asistentes permiten tener una experiencia integral y automatizada de los consumos que se realizan en internet, además se nutren de los datos que el usuario consume en las distintas plataformas digitales. A su vez, esa búsqueda de profundizar la conexión expresa el deseo de sumar a su experiencia digital la utilización de estos aparatos inteligentes. Estas expresiones son las que analiza Van Dijk en su libro en donde busca ofrecer un modelo analitico que pudiera mostrar cómo las plataformas se convirtieron en fuerzas fundamentales para la construcción de la socialidad, cómo los propietarios y usuarios contribuyeron a dar forma a esta construcción y fueron, a su vez, influidos por ella (Van Dijk, 2016)

En primer lugar hay que tener en cuenta la organización de la vida cotidiana en internet, con los medios sociales como un componente importante en ese esquema, estos no son más que los espacios donde se crean e intercambian contenidos generados por los usuarios (Kaplan y Haenlein, 2010). En estos medios, la información se codifica en algoritmos que moldean la socialidad online, la manera en la nos vinculamos y nos presentamos en cada red. El autor sostiene que hubo un pasaje de la época de la conexión a la conectividad, construida justamente por estos códigos que definen la socialidad en la que se desarrolla nuestra participación en la red. Esta participación se desarrolla en medios sociales que son sistemas automatizados que diseñan y manipulan las conexiones para reconocer lo que las personas quieren y anhelan (Van Dijk, 2016). Como en el capítulo mencionado de Black Mirror, las plataformas se nutren de los datos que se van dejando y produciendo en esa arena de contenidos y de esa forma se reduce a algoritmos las relaciones entre las personas y las cosas.  Por esta razón, Van Dijk considera que deberían llamarse “medios conectivos” a los medios sociales.

Estos usuarios además son objeto de una doble explotación, ya que consumen un producto sobre la base de su propia producción de datos y contenidos. Google, por ejemplo, comercializa su asistente y ofrece un servicio sobre la base de la producción de datos que el mismo usuario genera y que además le sirve para seguir alimentando un algoritmo que luego moldeará la experiencia digital del mismo, en donde seguramente será objetivo de la publicidad y prioridad de contenidos que la codificación de esta empresa predisponga para que el usuario visualice en su conexión.

Por último, para completar el análisis de la estructura de la cultura de la conectividad hay que mencionar la importancia de la plataforma, los datos y profundizar sobre los algoritmos.

Siguiendo con los asistentes virtuales y los dispositivos inteligentes, y en particular con Google Home, estos funcionan por medio de una aplicación, un elemento importante en esta cultura de la conectividad, que funciona como plataforma. La plataforma es un mediador que moldea la performance de los actos sociales, estos servicios que pueden tener un formato de software y/o hardware codifican las actividades sociales en una arquitectura computacional, procesan datos por medio de algoritmos y protocolos y le presentan al usuario un producto final en forma de una interfaz desde la cual este puede configurar y ejecutar su experiencia digital. En esta codificación se encuentran los datos que llegan en forma de texto, imágenes, información personal y los metadatos, que localiza estos recursos. Estos se procesan por medio de algoritmos, instrucciones que calculan una función y permiten el ordenamiento de la información que luego se observa en la presentación de gusto y preferencias de compradores en una tienda virtual o de contenidos multimedia en una canal de streaming como Netflix por poner un ejemplo.

263562El uso de algoritmos es una de las características que comparten productos que se encuentran entre la web 2.0 y la 3.0 como Netflix. Esta plataforma, junto al uso del Big Data, permite mostrarle al usuario, entre sus miles de opciones para ver contenidos, los que probablemente más le puede interesar, debido a la clasificación de públicos que tiene trabajado desde la utilización de los datos y metadatos que le permiten ordenar la información que fue reuniendo a partir de la reproducción de determinados contenidos en su experiencia en la plataforma. De esta forma aumenta la posibilidad de atención y permanencia en la aplicación ya que le destaca una selección de títulos que al mismo seguramente le resultará relevante. Estos algoritmos, potenciados por el microtargeting, además de organizar la muestra de las opciones de entretenimiento audiovisual, le permite a esta empresa crear contenidos con mayor posibilidad de éxito, como sucedió con House of Cards o Stranger Things, ya que conocen qué les gusta a sus usuarios.

En síntesis, la experiencia cultural de las personas se ven configuradas y amoldadas por los algoritmos, los protocolos y las configuraciones que establecen las plataformas de medios sociales. La socialidad online, por tanto es el resultado de una coproducción que tiene como partícipes a los humanos y las máquinas, en donde estas últimas, en buena manera dan las razones por las cuales ocurren las cosas.

Entre el BIG brother y la BIG data

El filósofo coreano Byung-Chul Han en su libro “Psicopolítica, neoliberalismo y nuevas técnicas de poder” aporta dos conceptos importantes para entender el funcionamiento de este esquema en el contexto actual y la predisposición del usuario y consumidor para que tenga este funcionamiento. Según este autor, la nueva concepción de poder no consiste en el control del pasado, sino en el del psicopolítico del futuro, esto se observa por un cambio en el enfoque del régimen neoliberal que ya no se basa en la prohibición y represión sino en la proyección y en la actitud permisiva. El consumo no se reprime, se maximiza (Han, 2014). En lugar de que se confiesen las personas con tortura, estas se desnudan voluntariamente desde sus smarthpone, por esta razón lo llama “big brother amable”. El usuario en sus dispositivos se desnuda por iniciativa propia y aporta todos los ángulos posibles para completar un panóptico digital que supera al benthamiano. Se podría decir de manera metafórica que se reemplaza el muro de la cárcel por el muro de Facebook.

Otro componente importante para el funcionamiento de este sistema de la conectividad es el Big Data. Anteriormente se nombró su importancia en conjunto con los algoritmos para la selección de contenidos en Netflix gracias al análisis y manejo de volúmenes importantes de información de sus usuarios. Para el autor coreano, esta información no sólo vigila el comportamiento humano sino que también lo somete a un control psicopolítico. La vigilancia digital se completa desde todos los ángulos posibles, ya que supera a su versión analógica al tener una mirada que incluye la psique de la persona (Han, 2014).

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Los asistentes virtuales se nutren del conocimiento de todas nuestras plataformas. Saben qué música escuchamos para alegrar el día, qué serie dejamos por la mitad, qué lista de reproducción es la favorita en Spotify, de qué equipo somos fanáticos, cómo está el tráfico en la zona y qué búsquedas solemos realizar en los buscadores. Esto sucede por cómo queda guardada la actitud digital del usuario, registrado en cada clic que se realiza, cada palabra que se busca. La vida propia se reproduce en la red digital. Esta proporciona una representación que probablemente con los algoritmos  y la estructura de las plataformas permita a las empresas tener un conocimiento de uno con un nivel mucho mayor del que cree que se tiene. Al darle indicaciones al dispositivo inteligente realizamos informes sobre nuestra vida de la cual se nutren estos aparatos que forman parte del internet de las cosas, convirtiéndose en la culminación de la sociedad del control digital. Como dice este autor, la web 3.0 hace posible un registro total de la vida, haciendo que las cosas que usamos diariamente nos vigilen (Han, 2014).

Para finalizar, no se puede dejar de lado el contexto en el que este tipo de consumidor de tecnología se encuentra. Chul Han denomina a esta sociedad del siglo XXI como la sociedad del rendimiento, contraponiendola con la disciplinaria y la de control, conceptos que Foucault y Deleuze habían utilizado para explicar el funcionamiento de la misma.

Mientras que la sociedad disciplinaria se la conoce como aquella definida por la prohibición, el deber y la obligación, la de rendimiento se caracteriza por el poder, por los proyectos y la iniciativa. Esta sociedad genera depresivos y fracasados, contra los locos y criminales de la disciplinaria. Yendo al ejemplo que se toma en este trabajo, se puede observar la frustración que tiene el protagonista en sus intentos de superar su separación, sin poder enfrentar la firma del divorcio en la primera mitad de la película.

Este cambio de paradigma favorece a la producción ya que el sujeto de rendimiento es más rápido, ya pasó por la fase disciplinaria por lo que apuntar al rendimiento y al poder hacer las cosas potencia la productividad. El sujeto en esta sociedad se siente libre de un dominio externo pero, según Chul Han, su práctica hace que la libertad y coacción coincidan, siendo un explotador y explotado al mismo tiempo.

El usuario y consumidor de este tipo de tecnologías se inserta perfectamente en este esquema, Como se observa en la película “Her”, el protagonista encuentra en sus sistemas operativos el aliado perfecto para poder cumplir con sus tareas y obligaciones laborales. Estos tecnoconsumidores depositan en estos dispositivos la atención que no pueden darle ellos ya que su atención está en la maximización del rendimiento. Sobre esto último también es importante destacar la ausencia de tiempos de contemplación y reflexión, atentando de esta forma contra la creatividad, y fundamentalmente el modo “multitasking” con el que abordan sus rutinas y desde la que se replica el funcionamiento de estos dispositivos que pueden hacer varias tareas al mismo tiempo. Esta actitud, para el autor coreano representa un acercamiento de la sociedad humana hacia el salvajismo, ya que esa atención constante a varias tareas es propia de los animales que necesitan tener esa característica para poder sobrevivir.

Expectativas

En el desarrollo de las tecnologías y la comunicación se empieza el análisis desde el surgimiento del primer artefacto que fue el teléfono, luego le siguió el cable, el internet, la conexión móvil y en los últimos 10 años se fueron desarrollando las plataformas de Video On Demand (Netflix, Hulu, Amazon Prime Video, etc), las de audio como Spotify, Google Músic play y recientemente el desarrollo de aplicaciones propias de las Smart Home (Alexa, Siri, Google Home). De acuerdo al último informe sobre consumos culturales, plataformas digitales y mercado de TV paga dadas a conocer por la agencia de análisis de contenidos Business Bureau, en la región latinoamericana hay 90 millones de abonados al cable, 7 de cada 10 usuarios que tienen internet tienen acceso a plataformas, de los cuales el 36% tiene Netflix. El consumo de estos contenidos representan 2,7 billones de dólares en la región, 0,2 billones en nuestro país, mientras que el que proviene de las plataformas de audio es menor, siendo 1,1 los billones que genera en la región y 56 millones en nuestro país. Con modelos de negocios que aportan pocas ganancias como las que vienen representando para Netflix,  y, fundamentalmente para Spotify, y sin tener aún una política concreta sobre si es viable o no la comercialización de aplicaciones de canales independientes al cable, las empresas que desarrollan estas tecnologías se encuentran analizando cómo encontrar el negocio de sus productos, entre la comercialización independiente o como oferta de valor agregado, para luego profundizar la penetración y masificación de productos relacionados al internet de las cosas.

En este marco hay una población cada vez más creciente que orienta sus consumos desde el servicio de internet, priorizandolo sobre el cable, siendo el WIFI su principal soporte desde el cual se nutre el funcionamiento de toda su experiencia digital. Un sector se reconoce como tecnoconsumidor teniendo en cuenta sus prácticas, usos y costumbres que los movilizan a adquirir dispositivos inteligentes de acuerdo a ciertos parámetros estéticos buscando tener una experiencia en su cultura de la conectividad que potencie la integración y la automatización de sus tareas cotidianas en el marco de una sociedad del rendimiento que le exige maximizar el tiempo disponible para realizar múltiples tareas, encontrando de esta forma en los asistentes a su principal aliado que le permitirá cumplir con sus objetivos.

Bibliografía

-Han, Byung-Chul (2012) Más allá de la sociedad disciplinaria y El aburrimiento profundo en La sociedad del cansancio. Pág. 35 – 47/48-60. Herder, Barcelona. -Han, Byung-Chul 2014 “El Big Brother amable” y “Big Data” en Psicopolítica (Barcelona: Herder).

-Ianni, Martín y Romani, Matías: “El consumidor tecnológico. La emergencia de una nueva sensibilidad en una economía de la experiencia” en Wortman, Ana (compiladora) Sensibilidades e imaginarios en producciones y consumos culturales argentinos del siglo XXI, CLACSO, 2018.

-Neira, Elena “Impacto del modelo netflix en el consumo cultural en pantallas: big data, suscripción y long tail” Anuario AC/E de cultura digital 2018.

-Van Dijck, José (2016) La cultura de la conectividad actual. Una historia crítica de las redes sociales. Siglo XXI Editores. Capítulos 1, 2, 3, 6 y 8.

Internet: Informe de Business Bureau sobre consumos y plataformas digitales. Disponible en https://bb.vision/

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