El día puede comenzar con un despertador sonando en un horario fijado previamente para que despierte al habitante o a los habitantes de la vivienda, para que luego prenda el televisor y se fije la temperatura, calcule si es necesario llevar abrigo o si puede ir con ropa liviana, acto seguido puede prender la computadora personal o entrar al navegador o aplicación de su celular para revisar algunas noticias del día en Twitter o en la página web de algún portal, si tiene algunos años más probablemente elija prender la radio o hacer zapping entre la grilla de programación de su televisor. Luego de esa rutina probablemente salga, inmediatamente después de haber revisado en su agenda los eventos o tareas del día, y arranque su día yendo a la parada de algún medio de transporte para ir al trabajo o donde tenga que ir.

poster-for-5718044378001-720x720En otro domicilio ese día puede arrancar de una manera similar pero con un mayor involucramiento con la tecnología. La persona se puede levantar por la alarma que suena desde algún dispositivo como Google Home o Echo/Alexa, a los que se le dio la orden de poner el despertador en un horario especial. Luego se le puede pedir a este mismo aparato, propio de una casa inteligente o “Smart home”, que le cuente las noticias del día, interrumpirlo para que le diga la temperatura que habrá en el día y hasta probablemente le pida un consejo sobre cómo vestirse. Mientras desayuna le puede pedir que le diga los eventos que tenía agendado en su aplicación de calendario de su celular y hasta que le pida un Uber para ir a su trabajo.

En estas dos experiencias se puede vislumbrar cada una de las etapas del desarrollo de la web, desde la 1.0 hasta comienzos de la 4.0. En líneas generales, y a modo de síntesis, se puede identificar a la primera como el primer contacto que se tuvo con internet a partir de las páginas web, en donde se consume un contenido (como una noticia en un portal). La segunda versión involucra el intercambio de información entre usuarios, con fuerte presencia de las aplicaciones y redes sociales (en donde en este ejemplo se destaca el uso de Twitter para ver las novedades del día) en donde se produce un ida y vuelta en producción y consumo de contenidos. Luego llega el turno de la web semántica, la 3.0, un salto tecnológico que aporta una personalización en la experiencia del usuario con la información que busca. Finalmente se encuentra la cuarta versión, este avance se centra en ofrecer un comportamiento inteligente, que busca predecir y realizar acciones que hasta ese momento no se podían concretar por la falta de procesamiento de ciertas órdenes que una inteligencia artificial mayor si puede interpretar y que es propia de esta etapa. En este caso se observa en el segundo ejemplo, en la interacción con el dispositivo que responde a una conversación en donde se resuelven las inquietudes de la persona y sus órdenes como pedir un taxi. En esta etapa hay una comprensión del lenguaje y una comunicación entre máquinas, ya que se le puede dar una orden a un dispositivo y este dispositivo se puede conectar a otro para cumplir el deseo del usuario, como bajar la intensidad de la luz, prender el aire acondicionado o reproducir una serie en Netflix en el televisor.

En este trabajo se buscará analizar el desarrollo de la tecnología digital en particular, en relación a la historia de internet, la caracterización de internet de las cosas (IoT), cómo este software produce los contenidos que le dan ganancia a las empresas que comercializan sus productos sobre la base de datos registrados por los usuarios, apropiándose de un conocimiento ajeno, la regulación ante la cual se someten o deberían someter y finalmente analizar el uso de las nuevas tecnologías de telecomunicación.

El orígen de internet se remonta a fines de los años ’50 con el lanzamiento por parte de la URSS de su satélite Sputnik en 1957. Esta demostración preocupó a los Estados Unidos, quienes no querían perder la vanguardia en términos tecnológicos. Así fue que creó la agencia de investigación dentro del Departamento de Defensa que llamó Agencia de Investigación de Proyectos de Avanzada, ARPA, que luego se llamaría DARPA, presentada en 1958 (Zukerfeld, 2009). Luego se creó el módem para poder traducir señales digitales a impulsos analógicos y se empezó a pensar la forma de dividir en paquetes de información los mensajes que se querían transmitir, buscando caminos alternativos para evitar que los soviéticos interrumpan la transmisión.

Tiempo después, en 1968 se creó un proyecto que buscó impulsar una red de computadoras, esta se llamó ARPANET con el respaldo del tendido telefónico de AT&T. Se fueron incorporando nodos con el tiempo, se envió el primer email y luego se desarrolló el TCP/IP como protocolo de transmisión de información que se convirtió en la clave de la arquitectura abierta de redes, lo que hoy conocemos como Internet.  Este protocolo permite por un lado asignar a las máquinas conectadas a una red una dirección única, esta dirección expresada en números son traducidos en letra por los DNS, mientras el Transfer Control Protocol (TCP) se encarga de partir la información, enviarla y rearmarla en el punto de llegada. Con el tiempo, este proyecto que arrancó con un impulso militar, que se desarrolló en universidades, salió al mercado privatizando cada una de las capas sobre las que se fue montando.

El desarrollo de la w.w.w permitió la aparición de páginas comerciales, en las cuales fueron tomando importancia los contenidos que dieron lugar a las redes sociales con usuarios en todo el mundo compartiendo información.

Actualmente Internet es una red de intercambio de información con distintos niveles. El primero, sobre el que se sostiene es la infraestructura, en donde se encuentran los Cables submarinos, satélites, tendidos de fibra óptica. En segundo nivel está el hardware, en donde se incluyen los servidores, modem, computadoras, netbook, celulares, dispositivos de Smart Home. El tercer nivel es el software con los navegadores, la World Wide Web, los buscadores, el protocolo TCP/IP, entre otros. Sobre este último se montan los contenidos y finalmente están las comunidades de usuarios. (Zukerfeld, 2009).  

Es importante repasar este camino en la historia de internet para poder observar cómo este fue impulsando avances tecnológicos que fueron respondiendo a demandas sobre las cuales se fueron sedimentando estos niveles con mayor o menor implicación en determinados contextos. En la web 3.0 y 4.0 se reformulan algunos elementos en el nivel de la comunidad, con contenidos que se elaboran con otros procedimientos, con mayor involucramiento de algoritmos y códigos que permiten darle una experiencia distinta al usuario si se la compara con el acercamiento que tuvo este a los contenidos hace 10 años.

Así mismo en el hardware se van observando cambios que permiten el surgimiento de estos contenidos y que forman comunidades distintas, como es el caso de los relacionados al internet de las cosas, artefactos tecnológicos que tienen más funciones incluidas e integradas con otros dispositivos con los cuales interactúan. Al respecto, Zukerfeld (2015) define Tecnología a los conocimientos que se concretizan en la forma que asume un bien determinado con un propósito instrumental. Además agrega desde una perspectiva materialista, que la tecnología refiere a saberes instrumentales objetivados en artefactos. Estas tecnologías para un mejor análisis se diferencian entre las analógicas y las digitales, las que pueden almacenar, procesar, reproducir, transmitir y convertir información digital. Esto se observa claramente en artefactos que integran su funcionamiento con redes wi fi que permite una mayor interacción con dispositivos que toman nuevos roles en el control de funcionalidades que se va monopolizando producto de la convergencia. Desde un celular se pueden dar instrucciones a una cafetera, al aire acondicionado, a las luces o por medio de órdenes se le puede indicar al asistente del hogar inteligente que sintonice determinada lista de reproducción en Spotify.

iot-graphicEl internet de las cosas, como se conoce a este nuevo paradigma, responde al crecimiento continuo de internet, que pasó de conectar una red de computadoras a una red de objetos. En estos circuitos hay un sistema independiente que opera con sus propias infraestructuras, además brindan nuevos servicios como se comentó anteriormente y abarcan nuevos modos de comunicación en donde se pueden vincular personas y artefactos y hasta hay instancias en donde sólo se comunican entre máquinas (M2M). En definitiva, los objetos están cada vez más conectados de forma inalámbrica. (Informe de la Comisión de Comunidades Europeas, 2009).

Este surgimiento habilita a la discusión y al planteo de nuevos marcos de regulación y señala aspectos a los que hay que prestar atención, relacionados a la protección de la privacidad y de los datos personales, ya que hay un mayor volumen de información de las cuales se nutren estas tecnologías.

Además de analizar y buscar políticas que puedan proteger la privacidad de los datos personales también hay que detenerse en el análisis de conductas monopólicas de estas empresas que obtienen sus ganancias en el mercado del internet de las cosas, como así también la forma en la que comercializan nuestra información y la apropiación del conocimiento desde la cual ejecutan ese procedimiento.

Usar un dispositivo como Google Home permite tener control sobre varios artefactos desde el celular. Se puede dar órdenes por medio del asistente de Google que van desde el control de la intensidad de la luz del ambiente hasta la reproducción de contenidos en el televisor por el uso de Chromecast o el repaso de las tareas o la lista de compras. Usar este dispositivo significa a la vez utilizar sus buscadores, darles información que luego procesarán para acercarnos publicidad y a su vez monetiza y le da valor al sistema operativo, a las plataformas, dispositivos y aplicaciones con las cuales trabaja esta empresa.  Al respecto, Cafassi (2013), en su artículo sobre “Cables, fibras, éter y plusvalía”, comenta cómo estas empresas usan el éter público libremente para desarrollar los negocios e impedir la libre elección de ofertas por parte de los usuarios, aportando más ejemplos como el uso del sistema operativo de Microsoft, los programas de fidelización y la comercialización de aparatos electrónicos.

Otro aspecto a tener en cuenta es cómo estas empresas que reciben la información que le brindamos en forma de datos, gustos, intereses y solicitudes las utilizan para obtener ganancias con la venta de publicidad.

Según observa Andrés Rabosto (2014), en el tiempo libre, los trabajadores-usuarios realizan un trabajo produciendo valor que luego es capturado por el capital, en este caso por Google u otra empresa que brinde un servicio similar.

De esta forma, el medio de producción no es más que el conocimiento que las empresas explotan y se apropian para el desarrollo de sus productos. Se valorizan capitales informáticos mientras que se cede gratuitamente el acceso y uso de las plataformas para apropiar los conocimientos libres. Este procedimiento Zukerfeld (2010) lo denomina “Apropiación incluyente”: contenidos y datos que aportan los usuarios serán la fuente de ganancias de los capitales informáticos.

En síntesis, los usuarios se convierten en prosumidores, su consumo es productivo, crea valor (Fuchs,2013). Se apropia el trabajo realizado por estos y se capturan sus datos por el tiempo en línea. Sus búsquedas, intereses, reproducciones, gustos, su actividad se convierte en capital gratuito que millones de usuarios terminaron de aportarle a la plataforma información vital para configurar perfiles publicitarios y crear una mercancía portadora de plustrabajo que Google, por dar un ejemplo, vende a otros capitales para colocar publicidad (Fuchs, 2013). La explotación se materializa en la ausencia de remuneración a estos usuarios.

Esta explotación cognitiva que practican empresas como Facebook, Google, bajo el paragua de la libertad, la inclusión y la pertenencia a una comunidad, es un ejemplo más de piratería descomunal (Zukerfeld, 2016). Esto se observa en la apropiación de los datos que tienen como autoría a los usuarios que registran su contenido en distintas plataformas. El tráfico de videos de YouTube que suben los usuarios le aporta ingresos por publicidad a esta empresa, las búsquedas y gustos de los usuarios luego llegará en forma de ingresos a Google por medio de su programa de publicidad que se nutre de esos clicks, por citar algunos ejemplos. En el punto de los videos de YouTube por ejemplo también se incluye la discusión sobre propiedad intelectual ya que los ingresos los percibe esta empresa sobre productos que crea un usuario y al que en menor medida en algunas ocasiones se le extiende un ingreso mínimo si reúne determinadas características, que además van cambiando continuamente por su política.

En el desarrollo de la web 4.0 y del internet de las cosas, esta problemática se observa en una mayor escala al involucrar un número mayor de dispositivos, al tener información que se registra con la lógica del funcionamiento de esta nueva etapa de internet, con procedimientos que potencian la inteligencia artificial en conjunto con algoritmos que procesan órdenes en donde involucran estos gustos e intereses para dar respuestas más complejas que una común consulta en un buscador.

Para finalizar la atención sobre algunos debates relacionados a las regulaciones y aspectos a tener en cuenta en el desarrollo de esta tecnología, no hay que descuidar los relacionados a la Neutralidad de la red, debido a la mayor demanda de banda ancha y los negocios que se montan sobre una red a la cual no aportan en su desarrollo en cuanto a su infraestructura ya que no le pertenecen a estas empresas que comercializan productos que se engloban dentro de las OTT (Over the Top). Según Gustavo Fontanals (2015) en su artículo “La neutralidad de la red, la apertura de internet” , hay una discusión de fondo que trata sobre la distribución de los ingresos y gastos por la prestación del servicio de internet y la forma en la que se desarrollan las inversiones en las redes y quienes asumen los costos para realizarlas. Esto último toma una relevancia mayor en un momento en donde hay un aumento en el consumo producto de la convergencia audiovisual.

La neutralidad de la red es un concepto que alude a la “prohibición de introducir distorsiones (intencionales) en el tráfico de información en internet, rechazando toda discriminación de contenidos o servicios particulares (sea negativa o positiva). La idea rectora es que todo tráfico de datos debe ser tratado en condiciones de igualdad, con el propósito  de garantizar a los usuarios igual libertad de elección respecto a los contenidos que quieran consumir, transmitir o crear.” (Fontanals, 2015). Se debe garantizar el derecho a acceder a la información con total libertad de opinión y expresión. Aún así, según él no se está cumpliendo por el propio funcionamiento de internet que prioriza ciertos paquetes de contenidos por sobre otros, además se suma la contratación de servicios de redes de entrega de contenidos (CDN) para agilizar el acceso a sus páginas por parte de sus usuarios y los acuerdos privados de peering, o de pago de “vías rápidas” o “servicios especializados” para la priorización de contenidos particulares.  

Estamos en una época donde la humanidad tiene más oportunidades de conectarse, ya no sólo con una página de internet, ya no sólo con otros usuarios en comunidades, ni con información personalizada, sino que también puede trasladar esa conexión a otros equipos y máquinas, vincularlas entre ellas. Como señala Castells en su artículos “La revolución de la tecnología”, la transformación tecnológica se expande por su habilidad para crear una interfaz desde un lenguaje digital común, propia de un mundo que se volvió digital.

La tecnología no sólo automatiza tareas, experimenta usos sino que también reconfigura redes y encuentra nuevas aplicaciones, como se observa con los nuevos desarrollos tecnológicos.

 

Bibliografía

Cafassi, Emilio (2013) Cables, fibras, éter y plusvalía. Breves insinuaciones… Hipertextos: Capitalismo, Técnica y Sociedad en debate. Vol 1, nro 0, pp. 21-52.

Castells, Manuel (1997) “La revolución de la tecnología de la información”. En La era de la Información.

     Fontanals, G. (2015). La neutralidad de la red, la apertura de internet, Revista Fibra, (8).

Internet of Things  (2009) An Action Plan for Europe. Commission of the European Communities, Brussels, 18.6.2009, COM.

Rabosto, Andrés (2014) Apuntes para una crítica de los estudios de la web. Hipertextos: Capitalismo, Técnica y Sociedad en debate. Vol 1, nro 2

Zukerfeld, Mariano (2010). “La expansión de la Propiedad Intelectual: una visión de conjunto”.

Zukerfeld, Mariano (2014). Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Internet pero nunca se atrevió a googlear. Hipertextos: Capitalismo, Técnica y Sociedad en debate. Vol 1, nro 2

Zukerfeld, M. (2015). La tecnología en general, las digitales en particular. Vida, milagros y familia de la “Ley de Moore”. Hipertextos, 4(2), pp. 87-115. 

Zukerfeld, Mariano (2016). La piratería des-comunal: los orígenes de la acumulación capitalista de conocimientos. Con-Ciencia Social, nº 20 (2016), pp. 31-41