A los 5 años y meses de vida, una niña de caballito llamada Romina Plataroti, en su paseo por el club Ferro carril Oeste, se cruzó con lo que luego le iba a dar innumerables satisfacciones. Quiso el destino que sus ojos, en su mirada panorámica de las cosas que tenia alrededor mientras esperaba que su padre terminara de jugar al tenis, se fijaran en la puerta de una escuelita de gimnasia. Con la compañía de su hermana entró para probar sus gustos que luego le indicaron lo que tenia que hacer. Al poco tiempo vino la aceptación de la profesora y la inclusión en el equipo. Y así empezó a escribir su historia.
¿A esa edad se suele comenzar?
A esa edad, y hasta más chicos todavía-¿Qué tiene de bueno y de malo empezar una actividad de alto rendimiento a tan temprana edad?
Es una actividad bastante contradictoria con ese tema, porque cuando uno hace un deporte de alto rendimiento requiere muchas horas de entrenamiento, exigencia y presiones. Y cuando uno es chico quizás no está tan preparado para poder manejarlas. Le cuesta a un adulto, imaginate a un chico o a un adolescente. Hay que tener una buena contención familiar por sobre toda las cosas. Vas aprendiendo en el camino.
-¿Cómo fue repartir tu tiempo entre el estudio y la gimnasia?
En los años de primaria me pasaba que viajaba y estaba siempre al límite de las faltas y quedarme libre. En el secundario estudie en el instituto de River Plate que tiene una orientación deportiva. Lo bueno era que además de entrenar en el club, me eximían en educación física. El tema es que cuando volvía de algún viaje tenía que rendir una prueba y no tenia ni idea que habían visto.
-¿Pudiste terminar bien el colegio o repetiste algún año?
No perdí ningún año. Hice 2 años en River y 3 años en Metascole, donde concurrían muchos tenistas por ejemplo. Estaba bien preparado para deportistas de alto rendimiento, éramos poquitos en las comisiones y si viajabas, cuando volvías, tenias a tu profesor que te ponía al tanto de lo que se veía. Estaba adaptado a las necesidades del deportista. En el periodo de crecimiento el ser humano va quemando etapas que necesitan cerrarse para abrir otras. Así es que primero el bebe debe gatear para luego caminar. No solo en eso se puede encontrar una ejemplificación, sino en diversos momentos de la vida.
Al respecto Romina dice: “Había una diferencia con mis compañeras de colegio. No salía tanto porque tenía que competir o viajar. Era un estilo de vida diferente. Había cosas que no las hacía o no las hacía tanto, eso de quedarse después del colegio, ir a la casa de una amiga, un amigo. O el hecho de salir más. Para mi era natural .Después me retiré e hice ciertas cosas que no había vivido, o había vivido en cierta cantidad”
-Hablando de quemar etapas, la celebración de los quince años en una mujer es uno de los momentos más importantes y esperados. ¿Los pudiste festejar?
Los festejé después porque los cumplí estando afuera. Hice algo tranquilo. A veces no estaba para los quince de mis amigas. Son las cosas que uno se pierde en cierta manera. Después intenté hacer todo lo que podía dentro de las posibilidades de mi actividad, como ir al viaje de egresados, que me parece que es positivo para poder también tener otros vínculos u otros espacios en donde poder moverse. Aunque si bien uno está enfocado en la actividad, son ciertos respiros, y ayudan al desarrollo de una persona en general

 

-Termina el deporte pero sigue la vida…
Y si, el retiro es todo un tema sino.

-¿Como manejaste eso?
El retiro fue elección mía. Como te contaba fui de viaje de egresados a Bariloche en el 94, me quería retirar ese año o apostar al año siguiente porque se hacia el Panamericano en el país y era un lindo torneo para retirarse. Así fue que me entrené hasta el Panamericano de Mar del Plata en marzo, y me retiré.
Si bien fue cuestión propia, cuesta bastante, no por el hecho de que quisiera volver a hacer gimnasia, nunca me pasó eso de “Uh me hubiera quedado, o no”. Cuesta mucho el cambio de estilo de vida, el tener otro rol. Se juntó también un poco el tema de que uno empieza a estudiar, insertarse en un ámbito profesional, en donde uno no está acostumbrado a manejarse tanto. Eso lleva un trabajo, un proceso de nuevos vínculos de pertenencia…yo pasaba 8 horas dentro de un gimnasio. También desde la parte física. Desde que mi cuerpo estaba acostumbrado a entrenar tantas horas a dejar de entrenar. Y en esa época se podría decir que no había un retiro cuidado en el sentido de que no se trabajaba con el tema del desentrenamiento o que hubiera contención después…uno más o menos hacía lo que podía y sentía. Mi familia me acompaño por suerte. Fue una etapa de acomodar un montón de cuestiones. Más allá de la decisión del retiro, a veces después la transición hay que trabajarla, son etapas de la vida, acostumbrarse a tener roles diferentes, a moverse en ámbitos diferentes.
Era ver otras cosas. Mi interés también era ir al cine o quedarme en casa sin hacer nada, que para otra persona era muy común para mi era algo novedoso o algo que quería hacer. No lo hice por 12 años…

Entre todas sus medallas se destacan las más de 10 ganadas en los torneos iberoamericanos y las 2 de bronce en los juegos Panamericanos de La Habana en 1991 y en Mar del Plata 1994. A esto hay que sumarle que participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y que hay un ejercicio que lleva su nombre:”El ejercicio es en suelo, uno de los aparatos que se hacen con música y acrobacias. Surgió un día en el entrenamiento, yo estaba practicando un salto que ya estaba en el código, y me empezó a salir algo nuevo, lo comenzamos a probar y no estaba registrado. Lo tenés que presentar en un mundial o Juego Olímpico para ver si lo ingresan o no. Lo presenté en el mundial antes de los juegos olímpicos. La asociación consideró que podía ingresar al código y ahí está. Quedó el Plataroti”

-¿Que tenías en mente al retirarte?
Me retiré en el 95, ya había terminado el colegio y tenia en mente periodismo y la psicología. Nunca se me dio por hacer un profesorado o ser entrenadora de gimnasia. Me tomé un año sabático y después finalmente empecé a estudiar psicología, no con el objetivo de hacer psicología en el deporte, sino por que me gustaba la psicología en sí. A mitad de carrera decidí especializarme a parte en el deporte. Y fue una manera de unir una parte de mi vida que fue muy importante y mi profesión. Me resulta muy cómodo, me gusta mucho.

-¿Qué concepto que hayas tratado en tu carrera lo podés relacionar con algún momento de tu vida deportiva?
Hay un concepto en psicología del deporte que se llama flow, que es fluir. Es un estado óptimo de rendimiento, es muy difícil de explicar porque es muy subjetivo. Es una sensación como que uno se siente en el estado óptimo, muy concentrado, estás en el momento, en el aquí ahora, sin presiones. Recuerdo en dos torneos en donde me sentí muy bien, leia todas las características, y me decía “ay mirá, es muy similar, a eso que yo sentía y no le podía poner un nombre”. Y otras cuestiones como técnicas que las hacia como visualizaciones, eso de imaginarse haciendo la rutina. Las hacia pero nadie me había dicho que eso era una visualización y quizás no lo hacia de forma sistemática, que hubiera sido más efectivo quizás, y uno lo hacía como herramienta propia.

-En un reportaje dijiste que en el deporte argentino había improvisación. ¿Sigue estando?
Dependen los deportes. Quizás lo que falta en el país es una política deportiva a largo plazo. En una nota hablaba de eso: hacía referencia en que quizás antes de un juego olímpico viene todo, te ponen todo. Psicólogo, apoyo, pero un año antes o menos, cuando en realidad eso lleva un trabajo a largo plazo y estaría bueno que se comience hacer pero con anterioridad. A eso me refiero, de que haya una planificación. Lo noté en el juego olímpico de Barcelona. En el CeNARD había un equipo de profesionales pero supe que existían 2 meses antes de ir a los juegos. El trabajo puede ser medio de urgencia o emergencia pero es muy difícil armar un vínculo con un profesional, sobre todo en el caso de la psicología. Si vos no estás más tiempo, por dos entrevistas que tengas es muy complicado. Salvo que sea una intervención muy específica, y que uno más o menos conozca de qué se trata. Es por eso que digo que es muy improvisado pero no muy planificado. Quizás hubiera sido bueno que yo viniera estado trabajando con esa profesional u otra desde ya hacia mucho tiempo para que sea más efectivo.

-¿Como ves a la gimnasia argentina de hoy?
Lamentablemente no esta pasando un buen momento la gimnasia artística argentina, sobre todo en la rama femenina. Yo creo que hay cambios a nivel social que también uno debe adaptarse e influye. No es lo mismo los quince años de ahora que en mi época o anteriormente. Además, se van volcando a deportes que tienen mayor repercusión. Es medio peligroso por el tema de ganar dinero, quizás la incentivan a hacer cosas para ganar plata pero hay que ver si al chico le gusta. Es difícil sostener algo que no es la motivación propia de uno. A las chicas les encanta la gimnasia, el tema es que es un deporte que exige sacrificios a edades muy tempranas, que es donde hay que tener cuidado y precaución y es por eso que se retiran o no quieren saber nada a determinada edad.

Y así es que sigue escribiendo su historia y ayudando a que otros la comiencen a escribir o la sigan escribiendo gracias a su nuevo rol dado por sus estudios y dedicación. El comienzo, lidiado entre la elección por lo lúdico convencional y el deporte de alto rendimiento fue lo que transversalmente marcó esos 12 años que le dieron más que satisfacciones. Hoy es distinto su rol, su lugar, pero las sensaciones de satisfacción, parecen las mismas.

*Entrevista realizada en Septiembre del 2009